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El primer virus descubierto

Publicado el 2 de Noviembre de 2021 | Biología y Geología


El primer virus descubierto

El virus del mosaico del tabaco es un patógeno que infecta especialmente a la planta del tabaco y otros miembros de su familia. La infección afecta a la mayor parte de la planta, incluidas las hojas, y desde hace siglos ha supuesto un problema para la industria tabaquera porque no solo porque debilita a la planta infectada, sino que también daña sus hojas inutilizándolas para la fabricación de productos tabaqueros.

El nombre de mosaico se lo dio en 1886 el alemán Adolf Mayer, por el patrón de zonas oscuras y claras que aparecen en las hojas enfermas. Mayer no solo describió la enfermedad sino que también constató que utilizando un extracto de hojas infectadas se podía pasar la enfermedad a plantas sanas. Seis años después Dmitrii Ivanowski hizo un avance significativo al probar que la enfermedad no podía ser causada por bacterias, ya que el extracto de hojas enfermas que preparaba seguía siendo contagioso pese a pasar por unos sistemas de filtrado que impedían el paso de bacterias.

Con toda esta información, en 1892 el investigador Martinus Willem Beijerinck realizó otra serie de experimentos que acabaron por probar que había algo, más pequeño que una bacteria, que era culpable de la enfermedad. Incapaz de verlo con las técnicas de la época, Martinus lo llamó “contagium vivum fluidum” y asumió que o bien era una molécula o un organismo muy pequeño. Obtuvo también evidencias de que ese “algo” crecía mejor en ciertas condiciones, por ejemplo en tejido vegetal en crecimiento. Todos estos hallazgos dieron lugar a una nueva categoría de organismos, los cuales originalmente se llamaron “virus filtrables”, aunque posteriormente se quedaron con el nombre de virus, el cual se utilizaba en aquella época para designar a un patógeno submicroscópico filtrable el cual, probablemente, no era una bacteria.

Con el paso del tiempo se fueron obteniendo más datos sobre este “contagium vivum fluidum”: lo primero fue descubrir que estaba compuesto tanto por proteínas como por ácidos nucleicos (concretamente, el virus del mosaico del tabaco utiliza ARN para almacenar su información genética) y, posteriormente, los esfuerzos se centraron en averiguar la estructura del virus. Es esta última tarea tuvo una especial importancia la científica londinense Rosalind Franklin. En primavera de 1953 Rosalind dejó el King´s College donde investigaba sobre la estructura del ADN y, buscando un mejor ambiente de trabajo, se trasladó al Birkbeck College, donde empezó a trabajar en la estructura del virus del mosaico del tabaco. Junto con otros laboratorios, gracias a sus investigaciones se averiguó que este virus consta de una cubierta cilíndrica formada por múltiples bloques, y dentro del cilindro hay una espiral de ARN.

Por Pablo Barrecheguren


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